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Dios Esta Aqui

“Dios esta aqui.” We sang this song–“God is here”–many times during our 11 days in Cuba. It reminded us that we were not there as tourists, evangelists, or service volunteers but as peregrinos, pilgrims who were eager to pray with Cuban Christians.

As Americans we carried with us our knowledge of the long, fraught relationship between our countries–the Bay of Pigs invasion, the Cuban Missile Crisis, our economic sanctions, our foothold in Guantanamo. And Cubans retain this knowledge, too, and of the years of Spanish colonial control and later Soviet influence. While this knowledge could not be erased, we came with a contemplative intention, to meet our fellow Christians with an openness, to see and hear in a new way. We came during the Week of Christian Unity and therefore had the opportunity to participate in several ecumenical services at the Protestant seminary of Matanzas where we were hosted, and in the city of Matanzas. These included a beautiful Taizé service in the Catholic cathedral and a heartening Sunday liturgy at the Matanzas Baptist Church.

One of the highlights of our pilgrimage was a two-day retreat with 25 Cuban pastors and prison and hospital chaplains. Across language and cultural barriers, we were able to meet heart-to-heart in our common intention to be open to the Spirit. Our contribution to the retreat was to teach and model contemplative practices–lectio divina, breath prayer, walking prayer, centering prayer. But what was offered to us in return was the inspiration of these fellow Christians. Their dedication, courage, hope and joy in the face of personal and national suffering were compelling.

In an effort to hold to our pilgrim intention, we sought inspiration from Thomas Merton who in 1940, soon after his baptism and before he entered the Trappist monastery at Gethsemane, made a pilgrimage to Cuba. His reminder was that “heaven is everywhere” and that we each carry within us a point of light.

In order to deepen our imaginative capacities, we read and wrote poetry, hoping that doing so we might be able to enter with greater compassion into the lives of the Cuban people. In the noisy vitality of Havana, we sought refuge as well in Psalm 84: “Blessed are those…Who trudging through the plains of misery/Find in them an unexpected spring, //…They become springs of healing for others, /Reservoirs of compassion to those who are bruised/Strengthened themselves they lend courage to others, /And God will be there at the end of their journey.”

As we visited the massive statue of Christ of Havana, a garden dedicated to Mother Teresa, the shrine of the black Madonna, the monument to slavery at Castillo de San Severino, and interviewed the poet Fina Garcia, we surrounded these events with prayer–prayers for Cuba, our colleagues, ourselves. We became more cognizant of the admonition of Jose Marti, the Cuban poet, philosopher and patriot, that what is needed is a spiritual revolution. Such a revolution comes from living contemplatively whether in Cuba, which for three decades was a self-declared atheistic state, or in one like our own where religion is often pallid and superficial.

It was our prayer that our pilgrimage might deepen and widen our capacity for contemplative living. And so we ended as we began with the aspiration of the psalmist: “The end is known in the midst of the journey/The fulfillment is beyond our imagining.”

Translation into Spanish by Carlos Exposito:

“Dios está aquí”. Cantamos esta canción muchas veces durante los 11 días que pasamos en Cuba. Nos recordaba que no estábamos allí como turistas, evangelistas o voluntarios en servicio, sino como peregrinos dispuestos a orar con los cristianos cubanos.

Como norteamericanos llevábamos con nosotros el conocimientos de la tensa relación entre los dos países—la invasion a la Bahía de Cochinos, la crisis de los misiles cubanos, nuestras sanciones económicas, la base en Guantánamo. Y los cubanos también retienen este conocimiento así como el de los años del control colonial español y la influencia soviética posterior. A pesar de que este conocimiento no podia ser borrado, vinimos con una intención contemplativa, a conocer a nuestros hermanos cristianos de forma abierta , para ver y escuchar de una manera nueva. Vinimos durante la Semana de la Oración por la Unidad Cristiana y por ello tuvimos la oportunidad de participar en varios oficios ecuménicos en el Seminario Evangélico de Matanzas, donde nos hospedamos, y en la ciudad de Matanzas, incluyendo una bella Oración de Taizé en la catedral católica y una sentida liturgia dominical en la Iglesia Bautista de Matanzas.

Uno de los hitos de nuestra peregrinación fue un retiro de dos días con 25 pastores y capellanes cubanos de prisiones y hospitales. Más allá de las barreras lingüísticas y culturales, logramos conocernos de corazón a corazón en la intención común de abrirnos al Espíritu. Nuestra contribución en el retiro fue enseñar y modelar prácticas contemplativas—lectio divina, oración con la respiración, oración en la marcha, oración centrante. Pero a cambio recibimos la inspiración de estos hermanos cristianos. Su dedicación, valentía, esperanza y gozo al enfrentar el sufrimiento personal y nacional son realmente impresionantes.

En un esfuerzo por sostener la intención de nuestra peregrinación buscamos inspiración en Thomas Merton, quien en 1940, poco después de su bautizo y antes de ingresar en el monasterio trapense de Getsemaní, fue en peregrinación a Cuba. Su recordatorio era que “el cielo está en todas partes” y que cada uno lleva dentro de sí un rayo de luz.

Con el propósito de profundizar en nuestras capacidades imaginativas, leímos y escribimos poesía, con la esperanza de que al hacerlo pudiéramos penetrar con mayor compasión en las vidas del pueblo cubano. En la ruidosa vitalidad de La Habana, buscamos refugio también en el Salmo 84: “Felices los que…cuando pasen por el valle de las Lágrimas, lo convertirán en manatial, y aun la lluvia lo llenará de bendiciones; irán sus fuerzas en aumento, y en Sión verán al Dios Supremo”.

Al visitar la enorme estatua del Cristo de La Habana, el jardín dedicado a la Madre Teresa, el Santuario de la Madonna Negra en Regla, el Monumento a la Esclavitud en el Castillo de San Severino, y cuando entrevistamos a la poetisa Fina García, lo hicimos siempre en oración—oración por Cuba, por nuestos colegas, por nosotros mismos. Comprendimos mejor la admonición de José Martí, el poeta, filósofo y patriota cubano, de que lo que se necesita es una revolución espiritual. Tal revolución viene como resultado de vivir de forma contemplativa, ya sea en Cuba, que por tres décadas fue un estado que se declaró ateo, o en un país como el nuestro donde la religión a menudo es pálida y superficial.

Oramos porque nuestra peregrinación pudieras profundizar y ampliar nuestra capacidad para una vida contemplativa, por lo que finalizamos con la aspiración del salmista: “Se conoce el fin en medio del camino. El logro va más allá de nuestra imaginación”.

January 01, 2009 by Dana Greene
Categories: Uncategorized. Formats: Article and eNews Article.

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